Una historia escrita en denim
«Siempre he dicho que me gustaría haber inventado los jeans», dijo Yves Saint Laurent en 1983. De los buscadores de oro a los black cowboys, del Bronx a la alta costura: cuatro siglos de un tejido de trabajo convertid...
02 de noviembre, 2026TextoAlberto Jiménez
«Siempre he dicho que me gustaría haber inventado los jeans», dijo Yves Saint Laurent a New York Magazine en noviembre de 1983. «Poseen expresión, modestia, atractivo sexual y simplicidad, todo lo que quiero para mi ropa».
Ciertamente, un pensamiento que la mayoría de diseñadores han compartido sobre una prenda que ha revolucionado la forma en que vestimos hoy en día.
El denim, considerado como un material con valor simbólico único, también se ha convertido en una forma de expresión adoptada por vaqueros, leyendas de Hollywood, estrellas de rock y casas de alta costura, y la propia cultura afroamericana.
A lo largo de las décadas, cada grupo encontró una manera distinta de llevarlo y darle un nuevo significado, desde los Black Cowboys hasta la cultura del hip-hop y el streetwear, ayudando a diversificar su uso y apariencia a espacios y caminos alucinantes, volviéndolo parte de su identidad y en una auténtica joya cultural.
Lo que comenzó como un tejido de trabajo, se convirtió en una parte del estilo de millones de personas que confiaron plenamente en su grandeza y estatus.
Orígenes

Si bien el origen del denim es bastante embrollado, su historia se remonta a finales del siglo XVII, cuando unos tejedores de Nîmes, Francia, crearon “accidentalmente un tejido de algodón resistente conocido como ‘jeane’, y se dieron cuenta de que habían fabricado una maravilla a partir de la sarga”. Con el paso del tiempo, su nombre fue refinado —anteriormente llamado Serge de Nîmes— por ingleses y franceses que lo nombraron como “denim” en un intento por darle prestigio a su origen humilde.
Apreciado por la clase trabajadora, desde marineros hasta obreros de minas, gracias a su durabilidad y resistencia, su uso se popularizó rápidamente. No fue hasta 1848, que un hombre llamado Levi Strauss vio su potencial. Junto con el sastre Jacob Davis, comenzó a vender en San Francisco pantalones confeccionados con un denim grueso para todos aquellos que venían a California en busca de oro, dando paso a lo que Neiman Marcus describiría en 1973 como “una de las contribuciones estadounidenses más importantes a la moda mundial”.
El alcance del denim se consolidó como un “símbolo clásico del Oeste americano” durante las primeras décadas del siglo XX, cuando los vaqueros empezaron a lucirlo, y Hollywood con galanes como John Wayne y Gary Cooper, que ayudaron a transformar su imagen ruda y utilitaria.
No fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que fue adoptado por una generación que ya no lo veía únicamente como material de trabajo. Influenciados por figuras como Marlon Brando y James Dean, vestidos con jeans en películas de culto como El salvaje y Rebelde sin causa, encontraron que este tejido podría transmitir atractivo sexual, inconformidad y una nueva idea de glamour: el “western chic”.
El denim comienza a separarse de su origen estrictamente laboral, adoptando un papel más trascendental en la sociedad del siglo XX. Sin embargo, este cambio tampoco pudo ser una realidad sin los black cowboys. Estas figuras, invisibilizadas por la historia, jugaron un papel crucial en la narrativa del denim. Ellos domaban caballos y practicaban rodeo, además de criar ganado. Aunque la esclavitud marcó profundamente la historia de los afroamericanos en Estados Unidos, muchos hombres negros se desarrollaron como vaqueros y arrenderos, convirtiéndose en parte fundamental de la expansión del Oeste.
Con la llegada del ferrocarril, los obligó a reestructurar sus estilos de vida, y monetizar sus trabajos como entretenimiento, tal y como lo hizo Bill Pickett —una persona ex-esclavizada conocido por extender el “bulldogging”, una técnica de rodeo que consistía en derribar un novillo sujetándolo por los cuernos—; y Cleo Hearn, un vaquero que asistió a la universidad con una beca de rodeo y apareció en comerciales de Levi’s y Ford, además de ser el primer afroamericano en interpretar al icónico Marlboro Man.
La discriminación y la desigualdad de la época no impidieron que un sentido de camaradería prevaleciera entre ellos. Sin embargo, el género western contribuyó a blanquear su historia, encasillando y borrando las hazañas de estos jinetes.
Años 60 - 80

El denim alcanzó una nueva dimensión cuando estudiantes universitarios comenzaron a usarlo como una forma de protesta contra la guerra de Vietnam y, en parte, como una respuesta a los pensamientos arcaicos que dominaban la época. Se convirtió en un símbolo de rebeldía, emancipación y autoexpresión para una juventud cansada de las viejas reglas.
Al mismo tiempo, hippies, estrellas de rock ‘n’ roll, universitarios y feministas adoptaron su comodidad, haciendo que el denim fuera más que un tejido: un lienzo de identidad y opiniones, embellecido con bordados y parches.
Pese a que muchos colegios intentaron prohibir su uso, nada impidió que su prestigio disminuyera. Por el contrario, el denim ya simbolizaba “democracia y unión”, consiguiendo que personas de todos los estratos sociales se unieran bajo un manifiesto que promovía la libertad y un deseo de cambio.
El denim, que además era una bandera de la paz, empezó a seducir las miradas de diseñadores de renombre. En 1970, Calvin Klein —el primero en mostrarlos en el clásico azul en la pasarela—, Gloria Vanderbilt, Peter Golding y Fiorucci dieron un nuevo rumbo al tejido al lanzar sus propias versiones, más sofisticadas y accesibles.
Los modelos “acampanados y deslavados”, suaves y ajustados en la cadera y los muslos, celebraban la figura en su estado más natural. La llegada de la música disco llevó al denim a las pistas de baile. Se empezó a combinar con camisas ajustadas, plataformas y cinturones llamativos, adquiriendo una imagen más sensual.
Imagina a Diana Ross y Bianca Jagger bailando desenfrenadamente en Studio 54, usando el denim como un símbolo de diversión y desenfreno.
El denim también encontró su lugar dentro de la propia escena musical afroamericana. Charley Pride, por ejemplo, llevaba chaquetas de denim con pantalones acampanados con detalles bordados durante los años 70, demostrando cómo el tejido podía alejarse de su imagen utilitaria y adquirir una dimensión mucho más elaborada.
La estética afro-disco convirtió así al denim en una prenda pensada para llamar la atención. Los jeans formaban parte del espectáculo, mezclándose con lentejuelas, colores intensos y siluetas que celebraban el cuerpo.
Años 80 - 2000

Sin embargo, el denim no tendría la misma relevancia que tiene hoy en día sin las mujeres que dieron vida al hip-hop, uno de los géneros musicales que definió los pilares de la cultura afroamericana a finales de los años 70.
Aquí, el empoderamiento no solo se reflejaba en la bolsa de valores, sino también en el denim.
El auge de la moda urbana permitió que las mujeres comenzaran a desenvolverse en un género predominado por hombres. Pantalones holgados, sombreros Kangol y joyas estridentes formaban parte de una estética que reflejaba su orgullo y respeto dentro de las comunidades afroamericanas, en medio de una época marcada por el crack, la violencia y la delincuencia.
El denim también encontró un lugar en otras subculturas. En el punk, se transformó en un ideal de confrontación; en el rock podía aparecer desgastado y combinado con cuero, mientras que en el hip-hop lo llevaron a un terreno más teatral y erótico.
Si las campañas de Brooke Shields en Calvin Klein y Claudia Schiffer en Guess no te seducían, tal vez la forma en que una Madonna pre-Erotica y un Michael Jackson transformado en hombre lobo en Thriller portaban el denim podría convencerte del todo.
De cintura alta y con un aspecto cada vez más exagerado, durante los 80 aparecieron nuevas siluetas y acabados, desde los skinny fits hasta el acid wash. Faldas, chaquetas y otras piezas de denim comenzaron a formar parte del guardarropa cotidiano.
Los años 80 fueron un punto de inflexión para el denim. La publicidad ayudó a llevarlo definitivamente al mainstream, pasando de ser un básico a un producto de moda y deseo, asociado con conceptos como sensualidad, juventud, rebeldía y estatus tras la caída del Muro de Berlín. Este tejido dejó de pertenecer a una sola cultura o generación.
En los 90, la recesión hizo que su apariencia se volviera más sencilla. Mientras la estética grunge mostraba un lado más crudo —y sucio— del denim, el hip-hop lo llevó hacia otra dirección: la silueta baggy. Extremadamente anchos y holgados, los jeans se convirtieron en parte de una estética que rompía con las proporciones tradicionales y expresaba pertenencia y libertad.
Para la comunidad afroamericana, esa transformación iba más allá de la música. El hip-hop había nacido en el Bronx, como un estilo, pero se terminó volviendo en una herramienta de identidad. En ese contexto, varias marcas ayudaron a construir una industria de moda alrededor de la cultura hip-hop. Cross Colours, por ejemplo, nació en Los Ángeles con el propósito de crear prendas que reflejaran la forma en que vestían los jóvenes de las tribus urbanas y utilizó mensajes de inclusión y referencias afroamericanas en sus diseños. FUBU, cuyo nombre significa “For Us, By Us”, llevó esa idea todavía más lejos al crear una marca pensada directamente para los negros.
Este tejido, por lo tanto, se convirtió en un lenguaje cultural. Las mujeres del hip-hop también utilizaron este movimiento para negociar su lugar dentro de la industria como Queen Latifah, que adoptó los pantalones anchos, los bikinis y los tacones altos, que realzaban su feminidad y raíces. La ropa se convirtió así en otra forma de reclamar autonomía y respeto.
La relación entre música y moda transformó la manera en que la cultura afroamericana interactuaba con el lujo. En Harlem, Nueva York, Dapper Dan confeccionaba ropa utilizando estampados y monogramas de diferentes casas de moda, creando prendas que mezclaban la estética de la calle, llegando a vestir a iconos como Mike Tyson, que acudía a su tienda por trajes hechos a la medida. Su trabajo ayudó a cuestionar la separación entre ambos mundos, y anticipó una relación que décadas después se volvería fundamental en la industria.
Pero no fue hasta que Grand Puba rapeó el nombre de Tommy Hilfiger en su sencillo ‘360° (What Goes Around)’ y el movimiento adoptó intrépidamente los diseños preppy del norteamericano como su uniforme, sumándose exponentes como Aaliyah y Snoop Dogg, que llevaban sus prendas a todos lados.
El hip-hop redefinió la percepción que la gente tenía del denim a una escala global con la llegada de internet y la fotografía digital. Aquella estética nacida en las calles terminó cruzando fronteras, mientras sus códigos llegaban a las pasarelas de alta costura, siendo el tejido que definiría el nuevo milenio.
2000 - 2020

La imperfección se convirtió en parte del look. Una actitud effortless dominaba el nuevo milenio, ya que el denim fue estilizado bajo las propias reglas del movimiento Y2K, con It girls como Paris Hilton y Nicole Richie y divas del pop como Britney Spears, Rihanna, Mariah Carey, Beyoncé, Jennifer Lopez y Christina Aguilera, luciendo modelos ultraajustados de tiro bajo, así como minifaldas en red carpets.
Incluso los hombres experimentaron ese cambio radical al llevar jeans superceñidos, forjando un nuevo tipo de masculinidad. En parte, relacionado con la idealización de Hedi Slimane y Raf Simons por los años 70, consolidando la silueta skinny como un gusto constante que ha perdurado hasta el día de hoy. Todo bajo el nombre de “Indie Sleaze”.
Mientras bandas como The Strokes, The Killers y The Libertines personificaban ese estilo, el mundo entraba en una época marcada por los blogs, los paparazzi y los reality shows. Las calles se volvieron pasarelas y el denim, al mismo tiempo, una fantasía; dejando de ser únicamente una extensión de la música para ser una parte fundamental de la identidad de artistas y estrellas de internet.
Para entonces, el hip-hop ya había dejado de ser una expresión principalmente vinculada a la escena urbana para posicionarse en una fuerza de la cultura popular y la moda en la era de Tumblr. Figuras como Kanye West —conocido después como Ye— y Pharrell Williams —quien posteriormente se convertiría en director creativo de Louis Vuitton— estrechando todavía más la relación entre hip-hop, streetwear y moda de lujo. Los sneakers y el denim comenzaron a convivir con firmas de alta gama, mientras las colaboraciones entre diseñadores, músicos y artistas contemporáneos transformaban la manera en que el público entendía toda una industria.
Lo que había nacido como una forma de expresión comunitaria terminó transformándose en un lenguaje global de la moda. El denim podía aparecer tanto en las calles como en las pasarelas, incluso en los Golden Globes o en los MTV Awards.
A comienzos de los 2010, el skinny jean era prácticamente omnipresente. Después de la amplitud de los 90 y los primeros 2000, la silueta volvió a pegarse al cuerpo, aunque para ser fotografiada en Instagram con el hashtag #OOTD.
La moda avanzó a un ritmo vertiginoso, marcando una dirección allanada por las redes sociales, que cambiaron la forma de vestir el denim, que con la llegada del estilo athleisure, su lugar peligraba con la ropa de ejercicio. Aunque diseñadores como Demna y Virgil Abloh difuminaron el papel del denim como un básico de la vida cotidiana, y aceptado en todos los rubros al combinarse con ugly sneakers.
Pero tras la pandemia de COVID-19, el denim fue cortado, reconstruido, exagerado y mezclado incluso con la sastrería, en un intento por encontrar nuevas formas de dialogar con el lujo y tendencias pasajeras al ritmo de Boss Bitch de Doja Cat, Old Town Road de Lil Nas X y Savage de Megan Thee Stallion, reproducidas infinitamente en la era TikTok.
Un tejido, muchas identidades

Así pues, se ha demostrado que su historia nunca ha sido estática y que cada generación encontró una nueva manera de llevarlo, transformarlo y hacerlo suyo; encontrando nuevas formas de contar quiénes son.
Sobre todo, la comunidad afroamericana que encontró nuevas formas de hacerlo más interesante, demostrando su impacto social —e incluso emocional— más allá de la burbuja, volviéndose también en una cuestión de pertenencia y expresión.
De las calles del Bronx a Londres, París y Madrid, estos códigos viajaron, se mezclaron con nuevas experiencias y fueron reinterpretados por afrodescendientes en ambos lados del Atlántico. Vaya, un punto de encuentro entre distintas culturas y generaciones. Su historia, por tanto, no solo habla de moda, sino también de los intercambios culturales que han dado forma a la manera en que nos vestimos y nos presentamos ante el mundo.
Portada: Cochrane, J. (2024). Modelo desfilando para la marca Avenir en la Berlin Fashion Week.